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Pasado y presente del electroshock


Pasado y presente del electroshock
Cuando se empezó a utilizar el electroshock no existían tratamientos farmacológicos. El electroshock se empezó a utilizar en la primera mitad del siglo XX y no fue hasta bien entrada la segunda mitad del siglo cuando aparecieron los primeros tratamientos farmacológicos útiles para las enfermedades mentales.

Desde la antigüedad los médicos habían observado que muchos pacientes con síntomas psiquiátricos mejoraban cuando sufrían una convulsión (por fiebre alta, por bajadas bruscas de azúcar, por epilepsia, etc.). Parece ser que fue Hipócrates en el siglo V a.C. el primer médico que sugirió la asociación entre crisis convulsiva y mejoría de diversas enfermedades psiquiátricas.

Es decir, hay que situarse en un contexto en el que los psiquiatras no disponíamos de fármacos para tratar a los pacientes psiquiátricos y en el que conocíamos que sufrir una convulsión podía mejorar síntomas psiquiátricos.

Primeros pasos del electroshock


No fue el electroshock la primera forma de provocar convulsiones como forma de curar enfermedades psiquiátricas. La administración de insulina (en 1927) y de metrazol (en 1934) fueron las primeras opciones utilizadas para provocar convulsiones.

Estos tratamientos resultaron ser eficaces aunque peligrosos, motivo por el cual los psiquiatras se vieron en la necesidad de encontrar nuevas alternativas terapéuticas. Esto llegó de manos del electroshock, en 1937, en Roma.

Rápidamente se comprobó que el tratamiento con electroshocks era muy eficaz en pacientes esquizofrénicos con delirios o alucinaciones y en depresiones muy graves. Por primera vez los psiquiatras disponíamos de un tratamiento biológico eficaz y no peligroso para el paciente.

No todo fue positivo


Pronto surgió un rechazo social muy importante a este tratamiento. ¿Por qué?

Dos de las razones fueron estrictamente médicas:

  • La ausencia de otras alternativas terapéuticas (recordemos que todavía no disponíamos de fármacos) hizo que este tratamiento se aplicara a toda persona con un trastorno psiquiátrico grave o crónico, así como a personas con conductas que en aquel momento se consideraran inapropiadas. La utilización de este tratamiento de forma inespecífica a todo paciente psiquiátrico o con alteraciones conductuales motivó muchos fracasos terapéuticos, dado que el electroshock, tal como sabemos ahora, sólo es útil para un tipo de pacientes muy concretos.
  • En el pasado, el electroshock se realizaba sin anestesia. En consecuencia, era un tratamiento muy doloroso.


Otras de las razones aducidas fueron de tipo ético o moral:

  • Diversas personas, médicos y no médicos, criticaron este tratamiento basándose en prejuicios (es un tratamiento, evidentemente, que de entrada crea rechazo).
  • Diversas películas de gran éxito mostraron la peor cara posible de este tratamiento. En dichas películas el electroshock se muestra, no como un tratamiento médico, sino más bien como una técnica antiagitación o antiagresividad (más como castigo que como tratamiento).

Todas estas razones, junto al hecho de que en aquel momento estaban apareciendo los primeros tratamientos farmacológicos psiquiátricos (antidepresivos, antipsicóticos y de antiansiedad) comportaron la desaparición transitoria de este tratamiento a lo largo de la década de los setenta.


El nuevo auge del electroshock


Dos hechos justifican que en el curso de los últimos 15-20 años se haya reimpulsado la utilización del tratamiento con electroshocks:

  • Los fármacos y la psicoterapia no han conseguido dar una respuesta suficientemente satisfactoria a diversos trastornos psiquiátricos. Por el contrario, el electroshock había demostrado que podía curar o mejorar algunos de estos trastornos.
  • La psiquiatría, así como la medicina en general, se basa cada vez más en las evidencias científicas (lo demostrado) y menos en las opiniones personales. En la actualidad es muy abundante la bibliografía que apoya la elevada eficacia del electroshock y la escasez de efectos secundarios.

Cuestiones prácticas sobre el electroshock


I. ¿En qué consiste?


  • Con el paciente anestesiado (sin dolor) se administra una descarga eléctrica breve (2-3 segundos) en la zona frontal de la cabeza.
  • Junto a la anestesia se administra un relajante muscular, lo cual evita que el paciente tiemble. Lo importante es que se administre al cerebro un estímulo eléctrico, ¡no que el cuerpo tiemble!
  • Para curar hay que realizar entre 6 y 12 electroshocks. Cada semana se hacen tres electroshocks (a días alternos). Es decir, un tratamiento suele durar entre dos y cuatro semanas. La mejoría suele observarse a partir del tercer o cuarto electroshock.
  • El electroshock puede realizarse con el paciente ingresado o en ambulatorio. En este segundo caso, el paciente viene al hospital por la mañana, se le hace el electroshock y en tres o cuatro horas vuelve a su domicilio.

II. ¿Qué efectos secundarios tiene?
  • Tras cada sesión de electroshock puede haber dolor de cabeza que, en unas pocas horas, remite espontáneamente (o rápidamente, si administramos un analgésico).
  • Aproximadamente un 50% de los pacientes a los que se realiza tratamiento con electroshock presenta problemas de memoria. Concretamente lo que los pacientes refieren es que no recuerdan bien algunas cosas relativas a los días en que se realizó el tratamiento con electroshock.
  • ¡El tratamiento con electroshocks no deja secuelas de ningún tipo! (excepto el no recordar bien cosas que sucedieron los días en que se realizó el tratamiento).


III. ¿Cómo actúa en el cerebro?

Lamentablemente, seguimos sin saber por qué es eficaz el electroshock. Sabemos que produce cambios en hormonas del cuerpo y en moléculas (neurotransmisores) del sistema nervioso, pero desconocemos cuál de esos cambios es el realmente importante para conseguir la mejoría clínica.

IV. ¿En qué pacientes es útil?

  • en los que sufren depresiones muy graves,
  • o esquizofrenia con síntomas delirantes o alucinatorios abundantes,
  • o trastorno bipolar con recaídas muy frecuentes.


Bibliografia:

American Psychiatric Association. La práctica de la terapia electroconvulsiva. “Ars Médica”, 2002.

Lisanby SH. Electroconvulsive therapy for depression. N Engl J Med 2007; 357: 1939-1945.

Taylor S. Electroconvulsive therapy: a review of history, patient selection, technique, and medication management. South Med J 2007; 100: 494-498.


Documento adjunto:


Creado por Victor Navarro 29-04-2008 13:27
Última actualización en esta sección: 17-07-2008 13:46

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