Ejercicio
El ejercicio es una parte importante del tratamiento del paciente con cardiopatía isquémica, y en general para mantener una vida saludable en toda la población.
Practicar una actividad física regular adecuada a la edad...
- Ayuda a mantener en forma el aparato cardiocirculatorio en su conjunto. Es el efecto «entrenamiento». El corazón y las arterias son capaces de adaptarse mejor y más rápidamente a los cambios en las necesidades del organismo. Se hacen en cierto modo más «fuertes» y más capaces de adaptarse y soportar posibles agresiones, como cambios del ritmo, de la presión arterial o de la demanda de oxígeno por parte de los órganos periféricos. Así pues, el corazón entrenado es más resistente frente a posibles problemas, y reaccionará siempre mejor que un corazón no entrenado.
- Pero además, se ha comprobado que el ejercicio físico tiene efectos beneficiosos sobre varios de los factores de riesgo que sabemos que son responsables de la aterosclerosis y de la cardiopatía isquémica. La presión arterial de las personas que practican ejercicio regularmente es menor que la de las personas sedentarias. Los lípidos en sangre tienen un perfil más saludable, tanto en calidad como en cantidad, si junto al tratamiento prescrito por el médico, podemos realizar ejercicio físico regular. En particular el llamado colesterol bueno aumenta con el ejercicio, cosa muy difícil de conseguir con ningún medicamento.
- Por último, el objetivo de normalizar el peso, tan importante en todos los pacientes coronarios, y especialmente en los diabéticos y en los obesos, es mucho más factible si se añade a la dieta un programa de ejercicio regular, y se mantiene durante al menos 6 meses.
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