Antidepresivos y síndrome de discontinuación
Los síntomas del síndrome de discontinuación suelen ser leves y de inicio rápido tras la retirada brusca del fármaco. El inicio de los síntomas suele producirse ya en el primer o segundo día tras la retirada del fármaco. Normalmente, el síndrome de discontinuación desaparece por sí solo en escasos días (tres-cuatro días), aunque en algunos casos puede prolongarse durante una o dos semanas.
Puede aparecer tras la retirada de prácticamente cualquier antidepresivo. Cuanto más tiempo tarde el cuerpo en destruir el antidepresivo, más difícil es que se produzca el síndrome de discontinuación. Tomando como base este hecho, el síndrome de discontinuación con fluoxetina es excepcional (el cuerpo tarda varios días en eliminarla) y, en cambio, con la paroxetina, su incidencia es especialmente elevada (quizá en más del 50% de los casos, el cuerpo la elimina en escasas horas).
Una idea muy importante es que el síndrome de discontinuación no tiene nada que ver con una recaída de la enfermedad que motivó la toma del antidepresivo. Cuando dejamos de tomar un antidepresivo, su efecto antidepresivo y de antiansiedad se prolonga por un tiempo mínimo de tres o cuatro semanas. En consecuencia, cuando retiramos un antidepresivo, si se produce una recaída, los síntomas de la recaída aparecen a partir de la tercera o cuarta semana de estar sin tratamiento. Además, en los casos en que se produce una recaída, los síntomas no serán los del síndrome de discontinuación, sino los propios de la enfermedad de base.
Normalmente, el síndrome de discontinuación no requiere de ningún tratamiento específico. Tal y como he comentado previamente, los síntomas suelen ser leves y remiten espontáneamente en escasos días. No obstante, cuando un paciente nos viene a la visita comentando que está padeciendo un síndrome de discontinuación excesivamente intenso, lo que solemos hacer es instaurar nuevamente el tratamiento y, en una o dos semanas, volver a retirarlo aunque de una forma mucho más gradual.
De todo lo explicado se deduce que más que tratar el síndrome de discontinuación, lo que intentamos hacer es prevenirlo. Con esta finalidad, lo que hacemos es sugerir al paciente una retirada progresiva del fármaco. Por ejemplo, reducir la dosis a la mitad durante una o dos semanas y, entonces sí, quitarlo del todo. La verdad es que habitualmente la reducción la hacemos de forma más lenta, pero no es por evitar el síndrome de discontinuación, sino que es con la idea de alargar más el tiempo de tratamiento (pues sabemos que con la medicación el paciente está bien y, en cambio, a veces, sin la medicación no sabemos con certeza cómo irán las cosas).
Bibliografia:
- Warner CH, Bobo W, Warner C, et al. Antidepressant discontinuation syndrome. Am Fam Physician 2006; 74: 449-456.
- Shelton RC. The nature of the discontinuation syndrome associated with antidepressant drugs. J Clin Psychiatry 2006; 67 (suppl 4): 3-7.
- Tint A, Haddad PM, Anderson IM. The effect of rate of antidepressant tapering on the incidence of discontinuation symptoms: a randomized study. J Psychopharmacol 2008; 22: 330-332.