El diagnóstico en psiquiatría
Legalmente, en medicina el enfermo tiene derecho a conocer su diagnóstico si lo desea. Pero cuando se le comunica, en muchos casos se hacen interpretaciones incorrectas, sea por defecto o por exceso, y el especialista tiene que aclararlas en lo posible.
Las clasificaciones de las enfermedades mentales fueron diseñadas al principio para recoger datos estadísticos y posteriormente para que los especialistas pudieran estudiar y diagnosticar las enfermedades según unos criterios definidos. En Estados Unidos el primer intento de conocer estadísticas de enfermedades mentales fue en 1840. Más tarde, en 1880 se realizó un censo de siete categorías de trastorno mental. El paso siguiente, en 1952, lo realizó la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) creando la primera versión de su Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM según su nombre inglés). De forma paralela, la Organización Mundial de la Salud (OMS), que había creado una Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), incorporó en su 6ª versión el apartado de enfermedades mentales.
El DSM-IV-TR es la última versión modificada, publicada por la APA en el año 2000 y la CIE-10, la actual de la OMS en 1994. Aunque ambas clasificaciones son básicamente similares, existen diferencias en algunos trastornos o en su nombre; por ejemplo, “esquizofrenia tipo desorganizado” del DSM equivale a la “esquizofrenia hebefrénica” de la CIE. Se espera que en un futuro se unifiquen ambas clasificaciones. En periodos de tiempo determinados, se revisan estas clasificaciones de acuerdo con las investigaciones y experiencias clínicas, para ajustar los criterios o cambiarlos. Actualmente se han creado comités de expertos que estudian propuestas de modificaciones en la clasificación de los trastornos mentales, que posiblemente serán objeto de revisión en el próximo DSM-V y posteriormente en la CIE-11.
¿En qué afectan las clasificaciones a los pacientes? Se podría pensar que en nada, o en aquello de que no existen enfermedades sino sólo enfermos, pero no sería cierto. La evolución de la investigación en psiquiatría, y en medicina en general, necesita estudios clínicos, genéticos, de neuroimagen, etc., que difícilmente podrían aportar información si no se hablase un lenguaje común, al seleccionar los enfermos, y al publicar las conclusiones. En la práctica clínica no son factibles los protocolos para el tratamiento de los trastornos psiquiátricos si no se dispone de unos criterios claros para diagnosticar la enfermedad.
Bibliografia:
A. P. A., DSM-IV-TR. Ed. Masson, Barcelona, 2001.
O. M. S., CIE-10. Editorial Médica Panamericana, Madrid, 2000.
he oido que...