Nuevas tecnologías en el tratamiento y control de la diabetes
Dentro de este amplio abanico de posibilidades terapéuticas y diagnósticas están incluidos todos los sistemas de infusión de insulina, más conocidos como bombas de insulina, cuya aplicación en el tratamiento de la diabetes se remonta a los años ochenta aunque su verdadero protagonismo no se manifiesta hasta mediados de la década de los noventa; su implementación se ha ido incrementando de manera importante hasta la actualidad. Estos sistemas no son inteligentes y su funcionamiento es totalmente dependiente de quien lleva estos infusores de administración de insulina.
Los platos fuertes de la reunión sobre nuevas tecnologías se centraron en los sistemas de monitorización continua de glucosa en sangre; ello permite ver en tiempo real la película de cómo evolucionan los niveles de azúcar en sangre y, por tanto, esta información permite al paciente actuar para prevenir incrementos o disminuciones de la glucosa.
Los sistemas de monitorización de la glucosa resultan especialmente útiles en un paciente que tenga facilidad para sufrir bajones de azúcar (hipoglucemias) sobre todo cuando éstas son desapercibidas o de predominio nocturno.
Como inconveniente a los monitores de control continuo de la glucosa está el hecho de que las determinaciones se llevan a cabo en el tejido subcutáneo, donde la concentración de glucosa es igual a la de la sangre, aunque retrasada en relación a ésta (es decir, un valor determinado por estos sistemas representa el valor de la glucosa en sangre de 15 minutos antes).
Otro inconveniente es que la duración de la actividad de los sensores es de tres días y, por tanto, si alguien requiere una información continua necesita unos 10 sensores al mes, con el coste sanitario que ello representa.
Por último, otro aspecto al que la reunión dedicó un día completo fue la presentación de estudios que se están llevando a cabo con los "sistemas inteligentes”. Estos sistemas pretenden interpretar la información recogida por los sistemas de monitorización continua de la glucosa y dar orden al sistema de infusión de proporcionar la cantidad de insulina que debe administrar en cada momento para poder mantener los niveles de glucosa en sangre dentro de la normalidad. Estamos hablando de un páncreas artificial.
Estos páncreas artificiales tienen el inconveniente de tener una inteligencia poco ágil y, por ello, las decisiones que toman no se ajustan a las necesidades de un momento concreto sino algo más tarde; estos sistemas, cuando administran insulina, lo hacen en el tejido subcutáneo y, hasta que esta insulina pueda llegar a alcanzar niveles adecuados en sangre suelen pasar unos 30 minutos. Posteriormente, para que esta insulina ejerza su función cambiando los niveles de glucosa en sangre, suelen pasar otros 30 minutos y, por último, para que estos cambios los registre el sensor de glucosa pasan otros 15 minutos. Es decir, desde que se administra la insulina hasta que el sensor evidencia cambios de glucosa pasa más de una hora. Esta falta de agilidad es la razón por la que los páncreas artificiales se estén utilizando en situaciones donde no se produzcan cambios bruscos de la glucemia.
Evidentemente, estamos en los inicios de la aplicación de sistemas tecnológicos que pretenden sustituir al páncreas biológico, pero es un hecho que aún queda un largo camino a recorrer para poder conseguir un páncreas artificial que “cure” la diabetes.