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Factores de riesgo cardiovascular
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Guía practica

Toda la información necesaria:
Hemos elaborado una guía para enfermos y familiares para conocer a fondo la enfermedad con la que conviven.

Esta sección está pensada para que propongan temas de salud que les gustaría que tratáramos sobre los factores de riesgo cardiovascular

 
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Tratamiento de los riesgos específicos


Colesterol elevado, diabetes, hipertensión arterial, abandono del hábito tabáquico, obesidad, estrés

Colesterol elevado


El tratamiento de la elevación de las cifras de colesterol no considera estos valores de forma aislada, sino que depende del riesgo cardiovascular global del paciente. Con independencia de las cifras de colesterol, si el riesgo es bajo se recomienda ejercicio físico y dieta cardiosaludable. En cambio, cuando el riesgo es elevado consideraremos el tratamiento farmacológico, aunque las cifras de colesterol sean relativamente poco elevadas.

Existen varios tipos de medicamentos para tratar el exceso de colesterol. Los más importantes son las estatinas, que actúan inhibiendo la síntesis del colesterol en el hígado. Bajan las cifras de colesterol LDL entre un 20 y un 40%. Una dieta baja en grasas puede llegar a un 15% como máximo.

Entre estos medicamentos encontramos diversos fármacos, como, por ejemplo, la lovastatina, la simvastatina, la atorvastatina y la pravastatina. Su potencial reductor del colesterol es diferente, pero todos reducen el riesgo de aparición de enfermedad isquémica coronaria.

Producen efectos secundarios leves y poco frecuentes. Se desconoce si tienen efectos adversos a largo plazo. Unas 10 de cada 100 personas padecen dolor abdominal y flatulencias. En menos de 1 persona por cada 100 que los consumen producen rampas musculares y afectación del hígado.

Actualmente existen en el mercado los denominados «alimentos funcionales», generalmente lácteos a los que se han añadido esteroles de origen vegetal, que actúan en el intestino impidiendo la absorción de colesterol de origen animal. Pueden bajar el colesterol LDL o malo entre un 10 y un 15%. Ahora bien, está demostrado que estos medicamentos no son eficaces para reducir la enfermedad cardiovascular o la mortalidad.


Diabetes

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Tanto en la prevención como en el tratamiento de la diabetes tipo 2 son muy importantes el ejercicio físico y la dieta, los cuales, además, evitan la obesidad que en muchas ocasiones acompaña esta enfermedad.

Por lo que respecta al tratamiento farmacológico, hay diversos antidiabéticos orales en forma de comprimidos, y con el paso del tiempo puede ser necesario el tratamiento con insulina.


Hipertensión arterial


En general, consideramos las siguientes familias de antihipertensivos:

  1. Diuréticos: contraindicados en algunos casos en que el paciente padezca de insuficiencia renal o gota. Entre 1 y 9 personas de cada 100 que los toman notan cansancio, alteraciones del azúcar en la sangre, erupciones cutáneas, más sensibilidad al sol y náuseas.
  2. Betabloqueadores: contraindicados en el asma y la EPOC, y en determinadas arritmias. Un 10% nota cansancio y pulso lento, un 1% presenta trastornos del sueño, impotencia o tiene dificultades para respirar si a la vez padecen asma.
  3. Inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA): contraindicados durante el embarazo y en la estenosis de la arteria renal. Pueden provocar tos en un 10% de la gente que los toma. Un 2% nota cansancio, tos seca, mareo y dolor en las extremidades.
  4. Antagonistas de los canales de calcio: contraindicados para determinadas arritmias. Entre 1 y 10 pacientes de cada 100 consumidores nota cansancio, hinchazón de tobillos, dolor de cabeza, alteraciones del pulso o estreñimiento.
  5. Antagonistas del receptor de la angiotensina II: sus ventajas o beneficios y sus inconvenientes son similares a los de los fármacos del grupo 3 (IECA), excepto en que no producen tos. Entre 1 y 10 personas de cada 100 consumidores notan cansancio, mareos, tos y palpitaciones.
  6. Bloqueadores alfaadrenérgicos: pueden provocar hipotensión brusca y lipotimias. Todas las clases de medicamentos antihipertensivos reducen la presión en una cantidad similar, de 5 a 7 mmHg, aproximadamente. Esto quiere decir que en la mayoría de los pacientes se deberán utilizar dos o más fármacos para poder controlar las cifras de presión.

Abandono del hábito tabáquico


Fumar es una adicción física y psicológica. Dejar de fumar supone superar la adicción, modificar la influencia que ejerce el entorno y cambiar de conducta.

El cambio de conducta puede pasar por varias etapas a lo largo del tiempo. El primer paso es tener la voluntad de querer dejar de fumar.

Cuando se ha tomado la decisión, se debe abandonar el hábito lo más rápidamente posible, profundizar en los motivos que le han llevado a querer dejar de fumar y fijar un día D, es decir, un día a partir del cual se abandona el tabaco.

Además, el médico y la enfermera pueden ayudarle para que conozca la trascendencia de su decisión de abandonar el tabaco y para que desarrolle habilidades que le permitan controlar la abstinencia. Son útiles las técnicas de relajación, el apoyo familiar, pensar en el dinero que nos ahorramos y en qué actividades agradables podemos invertirlo, o bien escribir las razones que nos han llevado a querer dejar de fumar.

El periodo crítico para dejar de fumar es la primera semana posterior al día D, porque, como en cualquier otra adicción, es entonces cuando aparece el síndrome de abstinencia.

Para aquellos casos de personas con dependencia moderada o alta, se pueden utilizar fármacos. A grandes rasgos, se resumen en los siguientes:

Sustitutos de nicotina: parches, chicles, comprimidos.

Durante su uso no se debe fumar. Los parches se han de colocar sobre la piel sana y sin pelo, en el tronco, en la parte superior del brazo o en el muslo. Las mujeres no se lo han de poner nunca sobre el pecho. Hay parches de 16 horas y de 24 horas. Los de 16 horas se han de sacar por la noche. Es necesario cambiar de localización el parche.

En cuanto al chicle, se ha de masticar hasta que se perciba un gusto «picante». A partir de aquel momento no es necesario continuar masticando y se puede mantener entre la encía y la boca. Cada chicle o comprimido se puede utilizar hasta 30 minutos.

Efectos indeseables de los sustitutos de la nicotina son: reacciones dermatológicas locales a los parches, insomnio, dolor de cabeza, náuseas y vómitos, hipersalivación y úlceras leves en la boca. Están contraindicados en caso de enfermedad cardiovascular aguda o inestable.

Bupropión: es un fármaco para controlar la ansiedad. Se administra, durante los seis primeros días, en dosis de 150 mg por la mañana y, después, en dosis de 150 mg dos veces al día separadas como mínimo por un intervalo de ocho horas.

El tratamiento se prolongará de siete a nueve semanas desde el día en que se deja de fumar.

Si se olvida una dosis, no es necesario recuperarla, sino que se debe esperar a tomar la siguiente. Los efectos adversos pueden ser insomnio, dolor de cabeza, sequedad de boca y alteraciones del sentido del gusto, y reacciones cutáneas.

Vareniciclina: es un fármaco que bloquea los lugares de unión de la nicotina en el organismo y produce un efecto de alivio de los síntomas de abstinencia y de reducción de los efectos gratificantes de la nicotina.

Puede producir pesadillas, insomnio, náuseas y vómitos hasta en un 10% de las personas. El porcentaje de personas que se mantiene sin fumar al cabo de un año es del 23%.

Sin embargo, estos medicamentos deben ir acompañados del apoyo psicosocial necesario con el objetivo de evitar las recaídas. La efectividad de estos tratamientos es pequeña, y no llega al 30%. Es decir, al cabo de 12 meses, más de un 70% de las personas que han intentado abandonar el tabaco no lo han conseguido.

Su médico será quien escoja la mejor opción terapéutica, que deberá ser individualizada para cada caso.


Obesidad


La obesidad eleva la presión arterial y el colesterol, y además favorece la aparición de diabetes.

La obesidad está ligada a otros muchos problemas de salud, por lo que una reducción del peso corporal, además de reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, puede aportar otros beneficios para la salud.

Si disminuye unos cinco kilos el peso corporal, puede:

  • Reducir el colesterol LDL alrededor de un 5%.
  • Incrementar el colesterol HDL alrededor de un 4%.
  • Disminuir la tensión arterial de 7 a 12 mmHg.

Si presenta sobrepeso o bien obesidad, es recomendable que siga una dieta baja en calorías. Este tipo de dietas han conseguido reducciones del 5 al 10 % del peso corporal en seis meses, aunque los resultados a largo plazo son menos favorables, ya que se ha observado que en uno o tres años, más de la mitad de estas personas vuelven a su peso inicial. Esta dieta hipocalórica ha de calcularse atendiendo a la actividad física.

Además de la dieta hay algunos medicamentos que ayudan a combatir la obesidad:

  • El orlistat actúa en el nivel intestinal, impidiendo la absorción de las grasas y disminuyendo, por lo tanto, las calorías que llegan al organismo.
  • La sibutramina parece que actúa disminuyendo la ansiedad y el deseo de comida.

Estos dos fármacos hay que considerarlos sólo como una parte del programa para perder peso.


Estrés


La mejor estrategia terapéutica para reducir el estrés es el aprendizaje de técnicas específicas. El tratamiento del estrés es un tratamiento psicológico al cual se puede añadir un tratamiento farmacológico.

Tratamiento psicológico: es necesario practicar técnicas de relajación con el fin de reducir los síntomas físicos de la angustia. Hay de varios tipos:

  1. Relajación progresiva: tensar y relajar grupos musculares acaba provocando, con la práctica, una relajación muscular significativa.
  2. Respiración abdominal: aprender a respirar con el diafragma es de fácil aplicación y puede ayudar en casos de crisis de ansiedad con hiperventilación.
  3. Imaginar hechos o escenarios relajantes, con música.
  4. Ejercicio aeróbico regular y moderado: es una técnica que ha demostrado la producción de endorfinas.

Terapia cognitiva: debe evaluarse la posibilidad de que la persona se concentre en un problema concreto y de que busque poco a poco soluciones, realizando un autoanálisis de la percepción que tiene de la realidad propia y de la del entorno.

La psicoterapia que hace el médico de familia en la misma consulta también es una herramienta terapéutica importante (actitud, naturalidad, lenguaje sencillo pero directo, diálogo, abordaje de las posibles causas, etc.), y varios estudios demuestran que es el médico de familia quien tiene más efectividad en estas técnicas.

La práctica regular de ejercicio físico y el control de la dieta eliminando el café y el té han demostrado ser muy beneficiosos.

En el supuesto de que el estrés o la ansiedad limiten las actividades de la vida diaria y de que las técnicas anteriores no sean efectivas, puede emplearse medicación ansiolítica. El grupo de medicamentos más efectivo en este terreno es el de las denominadas benzodiacepinas.

Se debe tener en cuenta que son medicamentos que interaccionan con el alcohol, y que potencian su efecto depresor. Además, generan dependencia y riesgo de abuso, por lo cual se deben administrar siempre bajo estricta supervisión médica. Los síntomas pueden empeorar cuando se retiren.

Existen otras familias de tratamientos útiles para el estrés, del grupo de los antidepresivos.

El seguimiento de estos tratamientos se deberá hacer durante al menos unos seis meses.


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