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Deseo sexual inhibido


También llamado trastorno por ausencia o pérdida del deseo sexual o deseo sexual hipoactivo. Este cuadro consiste en la disminución o ausencia de fantasías sexuales y falta de ganas de involucrarse en algún tipo de actividad sexual. En su aparición pueden influir diversos factores, que dificultan su abordaje. El tratamiento en la mayoría de los casos es psicológico mediante unas recomendaciones generales y una técnica específica (focalización sensorial).

¿Es muy frecuente?


Según datos epidemiológicos, la frecuencia de aparición en la población general es de un 30-40%, ocurre en ambos sexos y representa el 50% de los casos que consultan al médico por una disfunción sexual.


¿Qué es el deseo sexual inhibido?


Según el manual de los trastornos mentales (DSM–IV) el deseo sexual inhibido es una disminución o ausencia de fantasías o deseos de actividad sexual de forma persistente o recurrente que provoca un malestar acusado o dificultades de relación interpersonal, y que no se explica mejor por la presencia de otro trastorno, ni se debe a los efectos de una sustancia o a una enfermedad médica. Se caracteriza por el desinterés por cualquier actividad sexual, ausencia o disminución de pensamientos, ensoñaciones o fantasías sexuales y escasa motivación por el material erótico. Puede ser global y abarcar todas las formas de expresión sexual o limitado a una pareja o a una actividad concreta.

A lo largo de la vida de una persona existen variaciones en la intensidad del deseo sexual. Un individuo sano se interesa por la sexualidad al llegar a la pubertad. El deseo se intensifica más en unas épocas que en otras, por ejemplo, disminuye cuando una persona está demasiado absorbida por su actividad laboral u otras actividades o aumenta cuando se tiene una oportunidad sexual excitante y cuando se está en compañía de una persona que atrae mucho. Estas oscilaciones entran dentro de la normalidad.

Las personas que padecen un deseo sexual inhibido casi nunca inician una relación sexual, y cuando la llevan a cabo normalmente es muy a su pesar. Existe poca motivación para buscar estímulos adecuados, no perciben el atractivo físico de las personas, son menos sensibles a los reclamos sexuales y atrasan todo lo que pueden la frecuencia de sus relaciones. Cuando participan de alguna relación sexual, lo hacen sin apenas entusiasmo y más bien de una forma mecánica, con una disminución o supresión del placer. A pesar de que la frecuencia de las relaciones es baja, la presión que ejerce la pareja y las necesidades de tipo no sexual (placer físico e intimidad) pueden incrementar la frecuencia. Un buen número de individuos no explicarán el problema a su pareja, y seguirán manteniendo actividad sexual para satisfacerla, pero sentirán de forma progresiva una gran apatía, pudiendo ocurrir que la actividad sexual desaparezca, lo cual conllevaría serios problemas de relación.

¿A qué puede ser debido?


Frecuentemente este trastorno puede asociarse a problemas de excitación sexual o a dificultades para llegar al orgasmo. La falta de deseo puede ser el problema más importante o ser una consecuencia del malestar emocional provocado por estas disfunciones. Sin embargo, existen personas que presentan un deseo sexual inhibido sin que tengan otra disfunción sexual. Las causas pueden ser varias:

  • Causas médicas: Influyen directamente sobre el impulso sexual, como enfermedades neurológicas, hormonales (bajos niveles de testosterona) y endocrinas (diabetes), o factores psicológicos que acompañan a determinadas enfermedades, sobretodo las que tienen una evolución crónica. Estas últimas pueden hacer creer a las personas, que la misma enfermedad (o cirugía) que padecen les ha imposibilitado para una conducta sexual normal. Como consecuencia de este pensamiento presentan un miedo al fracaso y falta de confianza en sí mismas que las conduce a evitar la actividad sexual y, consecutivamente, a una disminución del deseo. A menudo la autoestima queda dañada ante enfermedades de larga evolución y/o cirugía agresiva como en el caso de la cirugía de mama.
  • Causas farmacológicas: Cuando la disminución del deseo se produce exclusivamente por los efectos directos de un fármaco, se trata de un trastorno sexual inducido por sustancias. Los fármacos que la pueden producir son los psicofármacos, los antihipertensivos y algunos diuréticos.
  • Causas psicológicas: A menudo las causas psicológicas aparecen de forma anárquica y abrupta. Existe un determinado tipo de personalidad que, sin ser patológico, puede explicar la disminución del deseo sexual. Las características son: la falta de confianza, los sentimientos de culpabilidad, la rigidez excesiva, la incapacidad para transmitir deseos o sentimientos a la pareja, o la incapacidad de manejar situaciones emocionales que pueden vivirse como conflictivas por las personas. Estas características, junto con el miedo a la reacción de la pareja y los esfuerzos para evitar la actividad sexual, son los factores desencadenantes que aparecen con más frecuencia. La educación moral y religiosa estrictas y una información sexual inadecuada actúan como factores predisponentes.
  • Enfermedades psiquiátricas: Es el caso del trastorno depresivo; en ellas, el impulso sexual está disminuido, así como en los pacientes que presentan un abuso de determinadas drogas. Hasta un 20% de los pacientes depresivos interrumpen su actividad sexual. Se trata de un síntoma más dentro del cuadro clínico causado por los cambios bioquímicos que se producen en estos trastornos.
  • Eventos traumáticos sexuales, sobretodo en las mujeres: Los pacientes que han vivido una sexualidad asociada al castigo, dolor o miedo presentan una resistencia causada por la ansiedad o la culpa.
  • La rutina o aburrimiento sexual: En muchos casos la convivencia puede enfriar el deseo sexual; la rutina, el hastío y los conflictos conyugales pueden llevar a una inhibición del deseo sexual. La actitud perezosa provoca que finalmente sea un fastidio iniciar la actividad sexual. A menudo son parejas que no rompen horarios preestablecidos y que mantienen una misma conducta sexual. Se puede seguir amando a la pareja, pero no verla ya como objeto de deseo. Muchas parejas mantienen relaciones sexuales sólo para cumplir con sus deberes conyugales, pero no las desean ni las disfrutan.

¿Existe tratamiento? ¿Qué se puede hacer?


Como hemos visto, las causas del deseo sexual inhibido son diversas. Debido a esta variedad y a las complejas interacciones que se establecen entre ellas, el abordaje es difícil. Las probabilidades de éxito son de un 50% (de las más bajas dentro de los problemas sexuales).

En primer lugar, y para establecer objetivos terapéuticos, se requiere una adecuada historia clínica. A partir de ésta se plantearán (junto con la pareja) las conductas o pensamientos que se deben mejorar o modificar para conseguir un buen deseo sexual. Inicialmente, el tratamiento se debe orientar en forma individual hacia los factores que pueden inhibir el interés sexual.

Algunas parejas necesitarán un trabajo enfocado a mejorar la relación, antes de centrarse directamente en el incremento de la actividad sexual. Otras necesitarán un poco de instrucción sobre la adquisición de destrezas en la solución de problemas y requerirán ayuda para resolver las diferencias en aquellas áreas no relacionadas con el sexo. Algunas de ellas necesitarán concentrarse directamente en la relación sexual, donde a través de la información y las tareas de pareja puedan aumentar la variedad y el tiempo dedicados a la actividad sexual, y es posible que otras necesiten concentrarse en las formas de acercarse sexualmente a la otra persona de una manera más interesante y conveniente y en cómo rehusar una invitación sexual de una forma suave y discreta.
Recomendaciones generales, útiles para todas las disfunciones sexuales:

  1. Información sexual adecuada. Potenciar un concepto positivo del sexo. Explicar la importancia de la sexualidad dentro de la pareja.
  2. Fomentar la aceptación del condicionamiento negativo ante los estímulos sexuales.
  3. Tratar las enfermedades médicas. Valorar la reducción o cambio de tratamiento farmacológico.
  4. Aplicar algunas técnicas:
    • técnicas para reducir la ansiedad;
    • técnicas para afrontar el estrés;
    • técnicas cognitivas, como por ejemplo modificación de pensamientos, creencias y expectativas (reestructuración cognitiva). Se trata de reinterpretar de forma positiva los estímulos sexuales, para adquirir o aumentar la responsabilidad sobre el propio placer, adoptando un posicionamiento más activo. Entrenamiento en las habilidades sociales y comunicación dentro de la pareja para poder hablar de sentimientos, mostrar comprensión y resolver diferencias.


Se dispone de un programa específico llamado programa de focalización sensorial. Se trata de una técnica de desensibilización in vivo (exposición progresiva a situaciones reales que provocan ansiedad), aplicable a todas las disfunciones sexuales, que proporciona un marco terapéutico, en el que existen unos objetivos, unas responsabilidades que debe adquirir la pareja, y se pactan la duración y frecuencia de las sesiones con el terapeuta (una hora de duración, una o dos veces por semana). Dicho programa considera las dificultades y los errores como oportunidades para incrementar la comprensión del problema y se refuerzan los progresos mínimos en la terapia. Se compone de diferentes pasos:

1. Focalización sensorial no genital

Se aconseja a la pareja incrementar su capacidad de sensualidad corporal, inicialmente no genital, avanzando progresivamente. Los aspectos más importantes de su eficacia son: la incitación manifiesta pero nunca directa, la comodidad en cuanto al momento y la frecuencia (que deber ser decidida por la pareja, no inferior a dos o tres sesiones por semana)

2. Focalización sensorial genital y coito

El paso a la focalización genital debe ser progresivo, con un incremento de la comunicación verbal o gestual (sobre lo que gusta o no). Se sugiere posición superior de la mujer (más adecuada para el placer femenino), el intercambio de roles activo y pasivo, y el uso alternativo de estimulación manual u oral.

3. Instrucciones terapéuticas
En todo el proceso debe estimularse tanto el desarrollo de fantasías, como el vivir la sexualidad como una diversión (lecturas, material erótico).

¿Qué ocurre con los casos resistentes?


Se debe valorar la existencia de un trastorno de la personalidad que haya pasado inadvertido, así como valorar también la relación conyugal. En algunos casos se administra un tratamiento farmacológico antidepresivo, como la viloxazina (50mg/día) o el bupropion (en España usado para la dependencia de nicotina). Un estudio publicado en el “Journal of Sex and Marital Therapy” (2004) muestra que un tercio de las mujeres respondieron al tratamiento con bupropion.


¿Puede prevenirse?


Es necesario reservar tiempo para la intimidad no sexual con la pareja; hablar y facilitar espacios de comunicación, salir solos y sin los hijos, facilitando una relación más estrecha y cercana, donde es más probable que se sienta más deseo sexual. A algunas personas, leer o ver películas con contenido sexual y/o romántico también les puede servir para estimular el deseo sexual. En la pareja se deben potenciar la capacidad de adaptarse a los cambios, la capacidad de comunicación (hablar de preferencias y de rechazos en el terreno sexual), la búsqueda activa de intimidad, el sentido de confianza y compromiso, y mantener un grado de autonomía, libertad y responsabilidad para cada uno. Todos estos factores conducen con más probabilidad hacia una conducta sexual positiva.



Bibliografia:
  • Farré Martí JM (coord.) y cols. en: Soler Insa PA y Gascón J. Disfunción sexual no orgánica. RTM-III, Recomendaciones terapéuticas en los trastornos mentales. Ars Medica. 3ª ed, 2005.
  • Farré Martí JM , Lasheras Pérez G, en:  Barcia Salorio D. Disfunciones sexuales de origen no orgánico. Trastornos femeninos. Tratado de psiquiatría.  Arán. 1ª ed, 2000.
  • American Psychiatric Association. DSM-IV-TR. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Texto revisado. Barcelona: Masson, S.A, 2002.
  • Segraces RT et al. Bupropion sustained release (SR) for the treatment of hypoactive sexual desire disorder (HSDD) in nondepressed women .J Sex Marital Ther. 2001 May-Jun; 27(3): 303-316.


Creado por Olga Simón 04-08-2008 16:22
Última actualización en esta sección: 21-11-2008 09:18

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